
Sin embargo, últimamente parece que el oasis se ha quedado seco, aflorando ante la falta de agua, las aguas residuales que hasta hace poco estaban bien escondidas. Hace poco estalló el caso Millet, en el que el presidente del Palau de la Música llenaba sus bolsillos y los de sus amigos a cuenta de la institución barcelonesa.
Ahora, les ha tocado el turno a Bartomeu Muñoz, alcalde de Santa Coloma de Gramanet, del PSC y Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, hombres de confianza de Pujol cuando éste era President y militantes destacados de Convergència Democrática de Catalunya (la "C" de CiU). En todas partes cuecen habas, o como dirían por aquellos lares, "a tot arreu couen mongetes".
Lo que más me llama la atención de estos casos, es que ambos han surgido de la Audiencia Nacional y no de los tribunales catalanes. Y una vez más, en el segundo caso, ha sido el juez Baltasar Garzón el que ha metido mano en el tema. Eso sí, ahora no se oyen críticas desde la bancada de la derecha del congreso, y no consta que se haya ido de caza con nadie.
Tampoco se han oído de parte del PSOE ni del PSC, partido que según ha declarado el President Montilla, expulsará a todos sus militantes que resulten imputados en el caso Pretoria (quiero conocer al que pone los nombres de los casos, es mi ídolo), y ha pedido que la justicia actúe con la contundencia que sea necearia.
Artur Mas, el delfín de Pujol y sempiterno candidato a la Presidencia de la Generalitat, no considera necesario que se expulse a nadie.
Y yo me pregunto: ¿a qué se refería el oasis?, ¿a la ausencia de corrupción o a la inacción por parte de la justicia?










