miércoles, 6 de junio de 2012

¿De verdad hay algo en lo que creer?

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Casi un mes después de escribir la última entrada en este blog, me pongo delante del ordenador otra vez para hacerme una pregunta que me lleva rondando desde hace un tiempo: ¿en qué podemos creer a día de hoy?

Y a mi juicio no es una pregunta fácil de responder, porque si echamos un vistazo a cómo está el patio, dan ganas de decirle a España que te vas a por tabaco, como se hacía hace años. Porque no puedes creer en un gobierno y una clase política que es capaz de defender una cosa y la contraria con una facilidad pasmosa, que se dedica a recortar a los ciudadanos mientras ellos sólo se preocupan del "y tú más" y de taparse las vergüenzas unos a otros. En este apartado incluiría al cazador de elefantes campechano y a nuestro hijo Felipe, que se está labrando un porvenir. Y para rematar, al cuñadísimo, que mucho rajar de Marichalar pero se limitaba a vivir del cuento y no quería cada vez más. Como vi el otro día en twitter (y pido perdón por no citar el autor, puesto que no lo recuerdo) "Pensábamos que teníamos una monarquía modélica y lo que teníamos era una mierda de libertad de prensa".

Porque lo de la prensa es otra que tal baila. Cuando se intenta pasar la opinión por información (y hablo tanto de La Gaceta como de El Plural, por poner dos polos opuestos) es que algo va mal. Comprendo que cada uno tenga su línea editorial, pero portadas como las de La Razón no pueden pasar por información por pronto que se levante el señor Marhuenda. Y lo de La Razón es otro ejemplo, que en todas partes cuecen habas.

Tampoco confío en una justicia que está gobernada por un hipócrita que se gasta el dinero de todos en pasarse  de jueves a lunes en Marbella con sus guardaespaldas y vete a saber quién y luego nos quiere hacer creer que eran actos oficiales. Claro, siempre en Marbella.

Tampoco creo en un poder económico que se va de rositas después de hundir entidades bancarias y de robar a sus clientes a manos llenas y además se llevan su indemnización, que el caviar está muy caro y en el Xistu no fían. Todo ello con la aquiescencia del poder político que los ampara y del judicial, que no mete mano en su gestión y no depura responsabilidades. Y digo yo, la fiscalía puede denunciar de oficio casi cualquier cosa, pero cuando se demuestra que un tío ha dejado un agujero en un banco o una caja, nadie se da por aludido. Si acaso el tío o la tía que la han liado parda, y que acuden a la justicia para reclamar su indemnización. Lo de sus caras sí es hormigón armado, y no lo de Le Corbusier.

Nos quedaría la religión, sea cual sea, y su correspondiente Iglesia u organización controladora de la fe. Es este país llamado España, la que predomina es la Iglesia católica, y nunca he sido de cosas raras, así que en caso de meterme a creyente, sería en Dios y en su primogénito, pero claro, con la representación que tienen en la tierra, y sobre todo en este país, es como para pensárselo, si es que la fe puede ser razonada.

Así las cosas, me queda por creer en el pueblo. Lo que pasa es que el pueblo, ese que dicen que es en el que reside la soberanía, está como dormido, pensando en la Eurocopa y dejándose engañar por unos y otros, que se empeñan en decir que es una cosa de izquierdas y derechas. Hasta que no nos demos cuenta de que no es así, y que no se trata de izquierdas o derechas, sino de "los de arriba contra los de abajo", no saldremos de ésta.

Así que, si no puedo creer en los políticos, ni en la monarquía, ni en la prensa, ni en el poder judicial, ni en la religión y a duras penas en el pueblo... ¿En qué puedo creer? Un liberal de salón diría que en uno mismo, pero eso sería rendirse, y nos habrían ganado. A lo mejor de lo que se trata es de despertar y ver lo que nos están haciendo y poco a poco creer en el pueblo. El 15-M, si no se perdiera en el buenrollismo podría ser una oportunidad, pero acampando no se cambian las cosas, y si se han aceptado propuestas por parte de los políticos ha sido por puro electoralismo, pero no nos engañemos, no van a cambiar lo que les afecte a ellos. Eso nunca lo harán, y alguien tiene que hacerlo. Es necesario hacerlo.

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* La viñeta corresponde a la edición de El País de 6 de Junio de 2012

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