jueves, 27 de noviembre de 2008

A dieta

Hoy es el cuarto día que estoy a dieta, y la verdad es que se me está haciendo menos pesado de lo que pensaba.

La verdad es que la dieta no es demasiado dura tampoco, es de 1500 kcal y bastante flexible. No indica lo que hay que comer cada uno de los días, sino que te dice en qué deben consistir cada una de las comidas, y con muchas alternativas. Además, el poder comer también de dieta en el trabajo ayuda mucho, porque prácticamente todos los días se come pescado y no lo tengo que comprar yo. Además, en el comedor se portan muy bien. Quitando el cachondeo que hay a veces (propiciado por mí, todo hay que decirlo), sobre todo cuando me acerco a la zona de los postres, que hay que reconocer que están muy buenos.

Yo que antes era de los de tarta de lo que fuera, panacotta o mousse de chocolate blanco y ahora tengo que cogerme una naranja, y claro, es inevitable el poquito de cachondeo, eso sí, muy sano. Además, el otro día tuvieron el detalle de hacer gelatina, que sí que puedo comer, y me sentí muy bien, y sobre todo muy halagado y muy agradecido.

Y bueno, para que veais que me cuido, la foto de arriba es de lo que he cenado esta noche: pollo al horno con patatas, pimientos y cebolla. Las patatas entran dentro de los 200 gramos que puedo comer al día, y como no son fritas, pues eso, que me las puedo comer.

Seguiremos informando, aunque los que me veis normalmente, os ireis dando cuenta.

3 comentarios:

Miki dijo...

Bueno, pues viendo la foto... ¡dan ganas de ponerse a dieta!!.

Y la verdad es que no me vendría mal no.

Anónimo dijo...

Viendo la buena pinta de ese pollo Sergio me están entrando unas ganas de ponerme a dieta... jajajjaja


Martaphot

El que apaga las subestaciones dijo...

En tu caso no sé. Pero en el mío, las tartas no son demasiado atractivas. Para bien o para mejor, tiendo a comparar con las tartas que todavía hace mi Santa Madre.

Por ejemplo, la que hizo ayer por el cumpleaños de mi Cuñadísima. Palabrita del niño Chusín que la repostería industrial palidece hasta que termina por resultar transparente.

¡Ah! Y las edimburguesas no saben lo que es el chocolate espeso. Aunque son todas más bien claras. Quizás demasiado.

Lo cual me recuerda que perdimos una oportunidad única: Nos cruzamos con una pingüina despechugada en mitad de la borrasca polar. Hubiese sido la prueba irrefutable de que Scotland is different too.