viernes, 21 de noviembre de 2008

La sanidad madrileña... la mejor de Madrid

Y poco más, en el caso de que sea algo más. Los que me conoceis sabeis que desde hace aproximadamente un mes y medio vengo padeciendo de dolores articulares generalizados. Unos días estoy mejor, pero otros no puedo ni siquiera levantarme de la cama, y claro, como siempre que te encuentras mal, te preocupas. Máxime si vas de Herodes a Pilatos y todos intentan quitarse el muerto de encima.

Y es que desde que fui al médico de cabecera por primera vez, no han sabido lo que pasa, pero el interés tampoco parece que haya sido demasiado. La primera vez que fui, era gripe. No voy a decir que no sea posible, porque era temporada de gripe, pero no tenía más que el dolor articular. No tenía fiebre, no tenía tos, no tenía mocos... vamos, que era gripe porque le tocaba ser gripe. La segunda vez, como ya había tenido la gripe, vino el tema del peso. Sí, me sobran kilos, y bastantes. Eso lo sé yo y lo sabe cualquiera que me vea, pero sería explicable si tuviera dolores en las piernas, o la espalda o si los tuviera al final del día, después de aguantar mi peso durante todo el día. Pero no, lo tengo de buena mañana, cuando se supone que acabo de descansar, además de que las articulaciones de las manos no soportan mi peso, con lo que no sé qué puede tener que ver. El caso es que todo se resolvió con "te voy a mandar al endocrino y si te sientes peor vete a urgencias".

Al día siguiente me sentí peor y me fui a urgencias. Me hicieron análisis, me miraron y me volvieron a mandar a mi médico de cabecera a que me hicieran un estudio completo. Lo que hice fue cambiar de médico de cabecera. Al día siguiente, ya con el nuevo médico de cabecera, fui a la consulta, me mandó la analítica completa y por lo menos no hizo mención del endocrino ni de que me sobran kilos. Me preguntó lo que me pasaba y me recetó unos antiinflamatorios, que son los que me han mantenido de pie hasta ahora. Por lo menos se le vió interés. Ya es mucho más que lo demostrado por la anterior.

Y hoy he ido al endocrino. Como sospechaba, me esperaba a puerta gayola con la dieta en la mano, lo achaca todo al peso y tan convencida estaba que le he tenido que decir dos veces que me dejara terminar, porque le estaba contando lo que me pasaba y no me dejaba terminar. La dieta, una palpación del cuello y se acabó. Para la doctora mi peso es un secreto, aunque tampoco se ha preocupado por saberlo.

Lo que me asombra es la capacidad que tienen para achacar todo a lo evidente. Si estás gordo es porque estás gordo, si fumas es porque fumas, si duermes poco es porque duermes poco... El caso es no mojarse. Ojalá al final no sea nada lo que tengo, pero tampoco me tranquiliza lo que me han hecho hasta ahora, que se reduce a 2 análisis de sangre que han salido perfectamente y a ver cómo sale el tercero.

Seguiremos informando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ES LAMENTABLE PERO LO QUE DICES ES VERDAD.NO NOS MERECEMOS EL TRATO QUE A VECES SE NOS DA EN LA SEGURIDAD SOCIAL, NO SE SI ES QUE LAS COLAS SON TAN LARGAS Y ELLOS ESTAN TAN SATURADOS O EN ALGUNOS CASOS HASTA DESGANADOS LOS QUE TRABAJAN EN ELLA.
BUENO ESPERO QUE TE MEJORE MUY PRONTO Y QUE VAYAN SALIENDO BIEN TUS ANALITICAS. UN BESO

El que apaga las subestaciones dijo...

Los españoles somos como somos. Y nos gusta describirnos con mucha gracia. Mejor dicho, con chistes. Y este da una idea clara de cómo son algunos médicos:

- Doctor, me pasa esto.
- A ver, a ver. Vale. Bien. Bueno. Pues tiene usted que dejar el tabaco.
- No fumo.
- Y dejar de beber alcohol.
- Es que soy abstemio.
- Modere el consumo de carnes rojas y grasas animales.
- Ya soy vegetariano.
- ¡Pero algo habrá que a usted le guste!
- Er... Bueno, sí. Las almendras garrapiñadas.
- Me lo estaba temiendo. Tiene que dejar de comer almendras garrapiñadas.